Sueño entumecido

Soñé placeres que no podía disfrutar. 
Espacios lujosos inhabitados. 
Un elevador que no ascendía ni descendía, 
solo se invertía en trazo horizontal. 

Un banquete suculento que no podía saborear. 
Una fiesta a la que no podía llegar.
Un disco ball sin ton ni son.  

Una multitud que no se miraba. 
Un espectáculo que no era para mí. 

Un valiente que denunció injusticia
y ficción de voluntades. 
Una ejecución fulminante
y huérfana de sorpresa.

Crespúsculo doméstico sin generador

Versión editada de una entrada en mi diario a dos meses del huracán María. 

El asueto del generador de electricidad devuelve sonidos cotidianos a mi tarde. Escucho el móvil sonando como si cantara para una vieja melodía que el viento, solo el viento conoce. No interrumpe. Es como una gota de agua tibia sobre piel mojada. Siento su repique y tintinar en mi espalda como cosquillas que empiezan en el centro de mi oído. (more…)

Leve topografía del cielo

Sobre las nubes también hay monumentos y catedrales, acantilados y cascadas, valles y desiertos. Hay glaciares que se desprenden y espuma de hielo.

¿La tierra será la profundidad del cielo? Su corteza como la fina capa entre el oxígeno y la cavidad volcánica. ¿O será también un mar desolado habitado por elementos de luz, tocando sol y navegado por escafandras de acero y otros seres alados?

Tal vez el cielo es un velo entre el fin y la eternidad. Una infinidad que habita cada rastro de su apresurada y constante expansión y en cada grano de estrella que nos compone.

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Contemplación en Cayey

Retoños encontrados en un tronco caído con las raíces todavía aferradas a la tierra. Creo que se trata de un parásito o planta con relación simbiótica. Tras el huracán, viven, persisten.

Otras imágenes tomadas de Cayey. La labor insistente y amorosa de mis padres devuelve la tranquilidad y hospitalidad natural del espacio. Lo podemos disfrutar gracias a ellos.

Peregrinaciones huracanadas

Después del huracán María estuvimos incomunicados debido a varios derrumbes en la carretera.

El más grande estaba en la entrada a la carretera 741 que lleva a la casa de mis padres donde pasamos el huracán. Varias personas cruzaron el derrumbe de casi una cuadra para ver a sus familiares.

Una de esas personas fue el papá de mi hijo Diego. Llegó dos veces hasta allí. La primera no pudo seguir porque era tarde y se acercaba la hora del toque de queda. La segunda vez caminó a todo pulmón esa cuesta llena de lodo y escombros. Llegó a la casa jadeando lleno de barro hasta la cintura y con sus zapatos destruidos, pero energizado por el amor y el alivio de abrazar a su hijo. (more…)

De sol, viento y sombra

Todo brilla bajo el sol. Por suerte la brisa lo acompaña y mi cuerpo no se entrega al sopor. Por lo menos no en este momento. Un día ventoso y el sonido del viento se confunde con al rugir de la avenida y el eco estruendoso del túnel Minillas.

Por suerte, lo más que veo por mi ventana son los árboles que quedan desafiantes en la Ave. de Diego. Como una fila de soldados velando un monumento histórico, casi monárquico. Velan la sombra y el oxígeno; nuestro derecho a caminar sin que nos atosigue el calor.

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Anahí Lazarte
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La vista

Un sábado pasé por la ventana y me detuve. Miré la vista. Lo hice varias veces, admirando y pensando en mi suerte. ¡Qué espectacular!

El Yunque me vuelve a acompañar. Cada mañana quedo pegada, hipnotizada frente a mi ventana viendo el sol levantarse tras los edificios y el monte al fondo del horizonte. Una foto ahora y otra después. Un naranja, un azul y un destello que me ciega.

La vida me llevará a otro hogar con otras vistas. Mientras tanto, me dejaré arropar por el horizonte, su estrella y su Yunque.

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