La fugacidad que nos libera

La tecnología cambia a pasos apresurados y nos vamos deshaciendo de las herramientas para acceder y revivir mucho del contenido que creamos. ¿Recuerdas el floppy disk? ¿Qué pasa con toda la historia y el arte grabado en floppy disks y otros formatos obsoletos? De pronto la historia de la humanidad se nos aparece más frágil y vulnerable al silencio de instrumentos obsoletos. La historia y la expresión humana se hacen más efímeras y fugaces si carecemos de los medios y la tecnología para acceder a ellas. Pero ¿qué tiene de malo la fugacidad?

Después de escribir sobre la fugacidad, la tecnología y la historia, ahora tengo metida en la cabeza la idea de la permanencia digital, la idea de que todo lo que hacemos en internet y en las redes sociales queda grabado para la eternidad.

La permanencia digital nos asusta tanto que educamos a los adolescentes sobre los peligros de subir imágenes e información personal a las redes sociales. Los medios nos advierten que los empleadores vigilan nuestro Facebook y que una foto reveladora o un comentario atrevido pueden resultar en un despido o en la pérdida de oportunidades laborales.

Mi esposo y yo decidimos no publicar fotos de nuestro hijo en las redes sociales, no por miedo a los pedófilos, sino para darle a nuestro hijo la oportunidad de decidir por su cuenta cuan pública quiere hacer su vida. Me lo imagino de adolescente navegando en la red y encontrando una foto suya de bebé en pañales o con la cara toda llena de comida. Podría ser bochornoso. Pero también lo imagino molesto con nosotros porque no encuentra fotos suyas mientras que todos sus amigos tienen su infancia debidamente documentada en internet.

Ahora me he puesto pensar en nuestra decisión de otra manera y a apreciar la fugacidad mediática.

Todo comenzó aquí. Transom publicó una columna de Julia Barton, periodista, editora y productora de radio, titulada Audio Danger: Digital Permanence. El gran peligro de la permanencia digital, dice Julia, es la obsesión con la perfección al punto que nos congela y nos limita. Todo lo que hacemos queda grabado para la eternidad como un expediente público. “We used to be able to fail productively in private; now everything is etched into our permanent record.” Tenemos miedo. La producción mediática y nuestras vidas se convierten en una larga audición.

Yo soy víctima del miedo paralizante a la permanencia digital. Tardé años en atreverme a escribir un simple blog porque me asustaba la idea de publicar opiniones e ideas que quedarían archivadas para siempre. ¡Y más aterrador pensar que se me escaparían errores ortográficos!

Hay que dejar ir, dice Julia. Claro, su artículo es más sobre producción para radio así que comparte varios consejos de edición y producción para liberarnos. Usa como ejemplo el estilo de trabajo de Radio Lab en la edición de sus historias.

Ya en el ámbito personal hay varias aplicaciones nuevas que tratan precisamente de liberarnos de esa permanencia. Por ejemplo, Snapchat. La aplicación te permite tomar una foto y compartirla por unos segundos antes de que se desaparezca. Las autoridades ya ven con ojos de sospecha tales acciones. Una foto que se autodestruye tiene que ser una foto de una acción, imagen o evento cuestionable. Tiene que ser algo malo.

Confieso que Snapchat me parecía la idea más incomprensible. ¿Para qué tomar fotos que no quieres guardar? ¿Para qué compartir algo por unos segundos nada más?

Ahora la fugacidad digital me parece atractiva, un antídoto a la permanencia digital. ¿Por qué todo lo que hacemos tiene que quedar grabado para la eternidad con fotos estilizadas y con filtros vintage? Ese expediente público lo construimos desde las normas socio-culturales que definen lo que es una persona modelo: exitosa, profesional, interesante, amorosa, creativa, blanca, negra, maternal, aventurera, etc. El miedo a que algo inoportuno quede grabado en las redes sociales, es el miedo a romper esas normas. La vergüenza de no cumplir con lo que se espera de uno.

Leyendo comentarios del sociólogo Nathan Jurgenson empiezo a considerar su propuesta de pensar en lo efímero en las redes sociales no como un rompimiento con la norma ni una forma de ocultar un pasado imperfecto, más bien una forma de acoger el presente. (A modo de disclaimer, Nathan Jurgenson trabaja para Snapchat.)

Permanent social media encourages an understanding of the present as documentable. Conversely, temporary social media is anti-nostalgia, letting the present be good enough right where it is. (…)

In this way, temporary social media might also be an antithesis to social media triviality. Typically, to document something was to declare its worthiness of attention; but when documentation expands so exponentially, as is occurring today, the importance lessens. In the near future the near past will be less scarce because the current present is so abundant. Logging into social streams today often feels like a bazaar of banality, the everyday ephemera that populates these sites has deeply eroded any essential link between “document” and “importance”. When photographs were scarcer, photographic documentation inferred some level of importance whereas today the sight of someone photographing their burrito is a joke. The abundance of photographic documentation has created its own inverse: not photographing a moment often conveys importance, for instance, not snapping a picture of your food can demonstrate respect for the establishment and your company. In the age of hyper documentation, the photograph specifically and documentation in general are becoming less about importance and more about banality. Temporary social media creates some much needed scarcity, interrupting the cycle of documentary accumulation by not allowing them to amass. We’ve been hoarders of the evidence of our own lives; there is no important archeology when everything is saved.

—Nathan Jurgenson

Al leer esto me pongo a pensar que no querer poner la cara de mi hijo en Facebook es una manera de decir que la vida de mi hijo no es trivial. Hay cosas que vivirlas supera cualquier posibilidad de documentación.

Así también la fugacidad se me presenta como otra forma de dar sentido a mis experiencias, como una idea liberadora y como una pregunta abierta. ¡Que así sea! Primero tengo que averiguar de qué manera integrar estas tecnologías de la fugacidad a mi vida personal, creativa y profesional. Mientras tanto, me inspiro con la posibilidad de lo efímero.

photo credit: JD Hancock via photopin cc

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