La incorregible tentación del share

PicMonkey CollageA mediados de febrero comenzó a circular por los medios y las redes sociales el siguiente titular: “Silvio Rodríguez arremete contra Rubén Blades”. Una semana antes el cantautor panameño había publicado en su página web un comentario sobre la complicada y tensa situación política de Venezuela. Escribió sobre la polarización, la desinformación y la panfletería. Criticó a la oposición y al gobierno. Lo más controversial fue que responsabilizó al gobierno de Nicolás Maduro de garantizar la seguridad y los derechos de los venezolanos.

Cuando vi el enlace de la respuesta de Silvio a Rubén, decidí leerla inmediatamente. No son muchas las veces que encuentro palabras de Silvio en Facebook. También estoy en alerta por la manipulación y desinformación respecto a Venezuela. Así que leí la carta de Silvio línea por línea.

Noté dos cosas extrañas. Primero la siguiente oración:

“Me recuerdo a mí mismo, en los años setenta, en el antiguo apartamento de Silvio Rodríguez, con su puerta negra en la que había golpeado el mundo, descubriendo los primeros trabajos de Rubén Blades con la orquesta de Willy Colón”. (El énfasis es mío.)

Sinceramente dudo que Silvio se refiera así mismo en tercera persona. ¡Y con nombre y apellido! Luego leí un nombre extraño al final del texto: Roberto Schaefer.

Después de hacer una búsqueda en Google (me tomó cinco minutos), descubrí que el mensaje no había sido escrito por Silvio, sino por Guillermo Rodríguez Rivera, un escritor cubano. Encontré el ensayo publicado en el blog de Silvio y con el nombre del autor puesto muy clarito debajo del título. Roberto Schaefer parece ser un venezolano que compartió el escrito en la red. Encontré una cuenta de Twitter de un Roberto Schaefer y uno de sus tuits era sobre la supuesta respuesta de Silvio a Rubén.

Para mi sorpresa, encontré el mismo contenido mal titulado y con el nombre de Silvio muchas otras veces en Facebook y la prensa digital. Es obvio, entonces, que no estamos leyendo lo que compartimos. Nos aferramos al titular y a las primeras líneas, nos adscribimos a la idea y lo compartimos.

Confieso que soy culpable de compartir todo lo que me parece interesante. Pero últimamente me encuentro cancelando mis shares. A veces el titular no corresponde a la nota, el titular es una exageración o el contenido es simplemente cuestionable. La duda me ha frenando el dedo.

No he encontrado ninguna corrección en la prensa. Silvio y Rubén ya comentaron en sus páginas sobre el error.

S

Estamos tan fijados en la controversia y en nuestra visión de mundo que no estamos prestando atención. Admito que este caso en particular me irritó bastante. Tal vez porque se trata de Silvio Rodríguez, cuya música y letras me han acompañado y me acompañarán siempre, o porque vi el mismo share perpetuando nuestra falta de discreción y prudencia en las cosas que compartimos y decimos. Me importa porque así es que pasamos de computadora a computadora, celular a celular y persona a persona falsedades que bien o mal intencionadas ensalzan el despelote y confunden nuestra capacidad de entender y actuar. Ya se que los seres humanos buscamos y compartimos información que confirma nuestra visión de mundo. Pero al menos deberíamos hacer el esfuerzo de prestar atención.

P.D. ¡Sí, Silvio tiene blog! Súper cool. Ya lo agregué a mi reader.

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