Venezuela

¿Cómo pensar en Venezuela? No he dejado de pensar en Venezuela. Me lleno de tristeza y mis pensamientos tambalean.

Me parece que el gran escollo es tratar de armonizar lo que significa Venezuela para el mundo con la Venezuela que viven los venezolanos.

Otro problema es: ¿A cuáles medios creer? Todos parecen estar repitiendo mensajes trillados, rumores y teorías de conspiración. Es difícil discernir entre agendas políticas y cubierta noticiosa. Hay tanta desinformación y manipulación que a veces cuestiono la magnitud de las manifestaciones y la violencia. Hay tanta demagogia que cuestiono la credibilidad del gobierno venezolano y sospecho de sus acciones.

Cuando trato de buscar notas que me ayuden a entender cómo empezó la violencia, quedo insatisfecha. Lo poco que he leído me indica que esto es un conflicto más profundo que una protesta estudiantil por inseguridad u oportunismo de la oposición.

Y como si todo eso fuera poco, solo considerar una posición desde el exterior es una posible traición a la democracia. Parece que las únicas opciones para los que observamos son: apoyar a la oligarquía golpista o apoyar a la izquierda opresiva. ¿Qué opciones son esas?

Me pone los pelos de punta pensar en cualquier acción dirigida a derrocar un gobierno democrático. Pero no debe ser tan inconcebible cuestionar las acciones de cualquier gobierno democrático, ni mucho menos es inconcebible que haya fuerzas extranjeras (léase EEUU) moviendo las cosas a su favor. La historia de América Latina nos ha dado muchos ejemplos.

Entiendo que tras la revolución bolivariana, Venezuela ha tenido muchísima importancia en América Latina. Hugo Chávez fue una de las pocas voces que retó y denunció abiertamente la hipocresía de EEUU en su política económica e internacional. Sé que en Venezuela hubo una reorganización de los derechos y riquezas que benefició a muchos, sobre todo a los más marginados. Venezuela se convirtió en el poster child de la izquierda.

A la misma vez, el presidente se armó de poderes y controles. Ahora la crisis económica es intensa y la inseguridad apabullante. ¿Debemos ignorar todo esto porque estamos de acuerdo con las políticas socioeconómicas del gobierno? ¿Debemos ignorar que la oposición que tanto exige democracia intentó un golpe de estado?

Tal vez el error es tratar de pasar juicio sobre la revolución bolivariana y tratar de definir la violencia como el fracaso del proyecto social de Venezuela o un atentado contra el gobierno. Después de todo, cuando en Nueva York se arrestó a unas 1,800 personas que protestaron durante la convención del Partido Republicano en el 2004, nadie habló del fracaso del sistema político y económico de EEUU. Cuando los países poderosos viven protestas intensas y violentas, nadie las describe como revueltas para sacar a los líderes y muy pocos acusan a esos gobiernos de ser autoritarios y represivos.

Tal vez hay que mirar el aquí y ahora. Hay que ver qué pasará los próximos días. Ojalá que empiece a salir más información, que se aclare el número de víctimas y detenidos, que se escuchen más voces desde Venezuela y que las observaciones dejen de sonar a mantras políticos. Ojalá que lo que hemos visto hasta ahora sea lo peor.

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