Sin historias para contar. Aunque…

En estos últimos cuatro meses no hice más que escribir la tesis. Ya está defendida y solo falta hacerle unas últimas revisiones de estilo y formato. La vida desaparece un poco cuando lo único que ocupa la mente es terminar un proyecto de grado.

Y ahora, ¿qué? A buscar trabajo. Cuando empecé la maestría tenía una idea muy clara de lo que quería hacer. Pensé que en lo que terminaba la maestría tendría una idea fija de qué me gustaría hacer por los próximos cinco años. ¡Tremendo plan! Y bien, sigo decidiendo. Opté por trabajar un año antes de hacer el doctorado, por razones económicas y porque en cierta medida no estoy segura de lo que quiero hacer. Tengo ideas, o más bien sospechas de proyectos, cosas que me gustaría tratar antes de ingresar a la academia.

Aquí es donde empieza el dilema. ¿Cómo me presento al mundo laboral? Voy a obviar los detalles. Lo que sí puedo compartir es que nunca imaginé terminar dividida en tantas partes. Tengo como cuatro clones de mi resumé, cada cuál diseñado específicamente para un área laboral. Esos cuatro no incluyen cada resumé que he preparado para posiciones vacantes. Todo se trata de costumizing y saber mercadearse.

La ironía es que uno trabaja arduamente para hacerse una carrera profesional fija, directa y coherente, pero a la hora de buscar trabajo necesitas romper esa carrera en dimensiones paralelas. Cuando entras a la universidad todas las recomendaciones e instrucciones son para fijarte metas profesionales espefícias en carreras claras: medicina, periodismo, leyes, sociología, comunicación, literatura, etc. Pero las oferta de trabajo no siempre responden a categorías discretas. He revisado y reescrito demasiado mi resumé. Siempre lo leo y pregunto: ¿Qué puedo sobresaltar esta vez? Todo por conectar mis destrezas con lo que buscan los empleadores.

Confieso que ha sido un poco divertido imaginarme en trabajos impensados. Siempre he trabajado en el sector público. Ahora miro relaciones públicas y mercadeo como opciones y pienso cómo sería trabajar en ambietes donde el bottom line es hacer dinero. Ganaría más dinero y, como dice mi padre, hacer dinero no es malo.

Pero siempre vuelvo al sector público y a las organizaciones sin fines de lucro porque es lo que conozco. Siento que me daría satisfacción personal. Aun así, me río al pensar en todas esas causas sociales ajenas a mí. Por más que una causa sea justa o válida no quiere decir que me sea familiar. Yo le he prestado más atención a los temas ambientales que a la salud, y más al desarrollo comunitario que a la educación. Por ejemplo, estoy considerando una posición en una asociación de contables públicos a pesar de la fobia que le tengo a los números y las cuentas. ¿Cómo será trabajar para una asociación de contadores públicos? En blanco. Me falla la imaginación. El trabajo es noprofit, pero completamente ajeno a mí.

En fin, que esto de buscar trabajo se ha convertido en un arroz con pollo de aspiraciones, compromisos cívicos, planes en espera, deseos y necesidades.

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